View Full Version: El Elixir De Soma

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Title: El Elixir De Soma


Hades-Sama - April 23, 2007 01:32 AM (GMT)
Primer Capitulo del Fic Creado por Killcrom, con dibujos mios, compuesto por 29 capitulos para el SSFW
si gusta seguire poniendo (bana)
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En aquella montaña hacía mucho frío… un viento helado mecía raudo las hojas de los árboles que allí había. La noche lo hacía todo más bello y se podía ver casi todo el cielo estrellado sin apenas un hueco oscuro. Aunque hacía alguna hora que dejó de nevar, el suelo estaba cubierto de nieve.

Cerca de aquel eglógico paisaje, se alzaba un templo bastante antiguo. Sus columnas esbeltas, levantaban una estructura aparentemente inexpugnable, y guardaban entre sí la distancia justa como para que el interior del templo no fuera bendecido con todo el esplendor de la luz de luna llena que bañaba aquella noche invernal.

El silencio era sepulcral, y un hombre miraba a la que consideraba su madre. La misma luna que traía la luz en sus oscuras y melancólicas noches. De repente, su tranquilidad fue perturbada por unos pasos firmes. Se detuvieron. En aquella estructura sáxea no había un solo hombre, sino dos. Uno de ellos acababa de entrar. Lucía una armadura de color rojizo, la cual era decorada por pequeños grabados rúnicos. Su cabello, azul, se deslizaba hasta casi rozar su espalda. Aquel hombre, era robusto y parecía buscar algo.


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-¿Quién hay ahí?- Preguntó con una voz ronca.

-Eso debería preguntarlo yo, ya que esta es mi casa…- respondió el hombre que había estado pensativo hasta hace unos segundos.

-Yo soy Dralan, el último caballero de Artemis.-

-¿Pero no os matamos a todos?- La tranquilidad con la que aquella enigmática persona habló, y lo dulce que sonaba su voz, hizo parecer mentira que de aquella boca hubieran salido palabras tan crueles.

-Maldito sádico, no sólo matas a mis compañeros, sino que también acabas con la vida de mi diosa y lo único que se te ocurre decir es eso…- El humor del caballero de armadura roja empezaba a tornar agresivo.

-Pero si no lo hice todo yo, mis camaradas disfrutaron también…- Una sonrisa fue dibujaba en la cara del guerrero que todavía yacía bajo la sombra de su templo.

-¿Por qué lo hicisteis?-

-No es algo que deba contar a alguien tan rudo como tú, que entra en casa ajena sólo para echar una reprimenda…- Y mientras hablaba comenzó a caminar hasta el exterior de aquella pétrea construcción. Paso a paso, se podía ver mejor el aspecto de aquel joven, que lucía una larga cabellera lacia y sedosa de color azabache. Pudiendo apreciarse también una armadura rosada tras cuya coraza, adornada por grabados de un hombre y una mujer colgaba una capa tan oscura como su pelo. El resto de la protección de aquel bello caballero tenía grabados tribales y unas gemas negras en rodilleras y coderas. Pocas zonas del cuerpo quedaban al aire. Salvo su cabeza y una pequeña parte del bíceps de cada brazo, todo estaba cubierto.

-¿Cuál es tu nombre, asesino?- Preguntó Dralan.

-Sila, caballero védico del deseo y la apetencia sexual.- su respuesta fue secante.

-Parece mentira que un amanerado caballero como tú derrotara a la orden más poderosa de los guerreros de Artemisa. ¡He venido a vengar a todos mis compañeros caídos!-

-Pensaba dejarte con vida, pero ahora que tú me has retado, he de aceptar tu desafío…- Sila invitó a que su compañero abandonara el interior del templo poniendo como excusa el no querer mancharlo de sangre.

Tras la contestación, el visitante lanzó su puño al pecho de su bello oponente, el cual saltó ágilmente gracias a su esbelto cuerpo. Sila se situó detrás de Dralan y clavó su rodilla en la parte más baja de la espalda, aprovechando para coger su cara y empujarlo con fuerza para que cayera sobre el suelo. Una vez derribada la gran mole de músculos que tenía por rival el delicado guerrero, aprovechó para patear múltiples veces su cuerpo, provocando heridas en las zonas que no cubría su armadura.

-No eres muy fuerte… Supongo que ese es el motivo por el cual todos tus compañeros sucumbieron ante nosotros.- La voz de aquel hombre seguía siendo fría. Dralan se levantó.
-Mi deber es vengar a todos los caídos.-

-Espero tu ataque, guerrero de Artemis.-

El guerrero de Artemis lanzó otro de sus golpes, el cual impactó en el pecho de su contrincante, que ni se inmutó.

-Interesante, pero mi armadura es impenetrable. No podrás ni hacerle una fisura con tu golpe más potente.-

-¡Eso ya lo veremos!- Replicó Dralan con energía mientras se alzaba al cielo con un salto sorprendentemente ágil. -¡Golpe destructor!- En mitad del impulso, se preparó para embestir con todo su poder y su cuerpo. En su descenso, cuya velocidad era sorprendente, Sila consiguió encajar un fuerte puñetazo de forma que realzó su velocidad y lo hizo caer al suelo brutalmente.

Aquel campo nevado había sido arrasado en su parte por el cuerpo de Dralan, que ya casi abatido, levantó empapado y tembloroso.

-Ma… maldición.- Se podía sentir el miedo en su entonación. El guardián del templo, emitió una leve sonrisa irónica.
-Querido amigo… creo que deberías olvidar tu némesis y escapar de aquí ahora que tienes la ocasión. Realmente, no sé ni cómo has llegado a este sitio.-

El caballero de Artemís empezó a emitir un cosmos terrible, cargado de violencia e ira, odio y maldad; por el contrario, Sila ni había empezado a emitir el suyo.

-Te he dicho que puedes largarte.- repitió el joven de larga cabellera.

-¡Ni loco, maldito!- Sin más remedio, el melancólico, suspiró.

-Verás amigo… aunque consiguieras vencerme a mí… cosa que es imposible… habrían, hoy por hoy, ya que no estamos todos aún, tres caballeros más de mi categoría. Además, como habrás adivinado, yo también sirvo a un dios. Créeme, comparado con él, yo no soy gran cosa…- Ese comentario pareció molestar al herido guerrero.

-¡Entonces, al menos te mataré a ti!- protestó.

Sila sonrió con más ímpetu que antes, y su enemigo saltó a golpearle. Dando una acobática voltereta, el poderoso guardián del templo, dio una poderosa patada que alzó a su oponente por los aires. Al tocar Sila de nuevo el suelo, y cerrando su puño, lo alzó al viento en la misma dirección que Dralan miraba para hacer su temblor aéreo.

En el aire, comenzaron a cambiar las ráfagas de viento su camino para golpear al caballero que allí se ubicaba. Una onda por aquí, otra por ese lado… la hombrera derecha del intruso saltó destrozada al igual que una parte de su coraza.

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Sin más cayó al suelo. Sila, todavía sonriendo convocó otro ataque más: El aura invernal. Gritando su nombre, todo tornó en hielo, dejando a Dralan adherido al suelo. De repente, comenzaron a caer gotas de lluvia que se solidificaban y se introducían en el cuerpo del retenido caballero destrozando así su armadura, hiriendo y cortando gravemente su cuerpo, abriendo heridas en el, y por supuesto, manchando la pura e inmaculada nieve del color carmesí de su sangre. No podían faltar los gritos de agonía del pobre enemigo azotado por aquel ataque.

Finalmente, dejó de moverse. Sila lo empujó con la sola fuerza de su cosmos hasta hacerle caer por un precipicio de aquellas montañas, El Parnaso.

-No dirás que no te advertí con tiempo…- Aunque el caballero victorioso parecía triste, comenzó a reír sutilmente.




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-Sila ¿tenéis problemas?- Una silueta apareció de la nada. Cubierta por una túnica negra que envolvía su cuerpo, consiguió llamar la atención de su receptor.

-Sabes que no.- Aquello sonó realmente prepotente, pero el que lo dijo, se lo podía permitir tras aquel combate.

-Maldición, yo que tenía ilusión de poder calentar un poco.-

-¿Tenéis frío, caballero Letheus?-

-Siempre… ya me conoces…-

-No es mi culpa que todos los estúpidos que perturban a nuestro señor entren por mi templo.- Sila sonrió a su compañero tras decir aquello.

-Hablando de nuestro señor, "desea" vernos. Al parecer, ha llegado otro más…- el tono que aplicó Letheus en el "desea" resaltó sobre lo demás.

-Interesante, en estos últimos dos años había perdido la esperanza de que viniera algún aliado más… pero en los últimos meses…-

-Vamos, Sila. No hay tiempo que perder.-

Los dos caballeros misteriosos se perdieron en la oscuridad que presentaba aquella noche el templo de la apetencia sexual y el deseo.




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