Title: El viaje de Shun
dclpz - October 19, 2007 08:43 PM (GMT)
I. La amenaza
Shun, con la caja de su armadura oculta a su lado, contemplaba fijamente las estrellas, inclinado sobre la barandilla de la cubierta del barco, en que viajaba por el Océano Índico. La tristeza, los recuerdos, la nostalgia, e incluso el miedo le invadían el alma, mientras sus pensamientos divagaban entre las personas que dejaba atrás (su maestro, Junet, sus amigos), y aquel a quien esperaba volver a ver: Ikki.
–Hermano… –suspiraba profundamente mientras una lágrima comenzaba a escurrir por su mejilla–. No, debo ser fuerte –pensó secando sus ojos–, Ikki lo hubiera querido.
–Extrañas a alguien, ¿verdad? –preguntó una voz a espaldas del caballero.
Shun volteó a ver de quien se trataba, pero estaba cubierto por la oscuridad, recostado sobre la cubierta superior del buque.
–¿Quién eres? –preguntó Shun acercándose–. No sabía que hubiera otros pasajeros en este barco.
Saliendo de entre las sombras, su interlocutor se dejó ver. Ágilmente se incorporó y de un salto quedó de pie frente a Shun. Éste no salía de su asombro, era un chico apenas un poco mayor que él, de cabello negro, alto y espigado, cubierto por la larga túnica con capucha.
–Soy Letz, y vengo de Grecia, ¿hacia dónde te diriges? –contestó luego de unos instantes de silencio.
–Bien, yo soy Shun –respondió tendiendo la mano–, viajo rumbo a Japón, donde nací.
–Entonces parece que seremos compañeros de viaje –dijo sonriendo y dando un fuerte apretón de manos a Shun, quien hizo un gesto de que el saludo le había dolido–. Me da gusto porque no es divertido viajar solo.
–¿Viajas tú solo? –preguntó el caballero de Andrómeda dándose vuelta para recargarse de nuevo en la barandilla, dirigiendo la vista al cielo.
–Sí, he decido salir a recorrer el mundo y esta es la manera más barata de hacerlo– contestó Letz acercándose.
–Dices que vienes de Grecia, ¿estuviste en…
Un fuerte golpe dejó inconsciente al caballero, sin permitirle siquiera reaccionar.
–¿Hay noticias de la isla Andrómeda? –preguntó el Patriarca, impaciente, al escuchar a sus espaldas que entraba al salón el jefe de sus guardias.
–Sí, mi señor –contestó Gigas haciendo una reverencia–, nuestro enviado informa que Albiore de Cefeo ha desobedecido sus órdenes, y ha concedido la armadura de Andrómeda a un joven oriental.
–Albiore… –murmuró con rabia, sin quitar la vista de su enorme retrato, que tres jóvenes aprendices se esforzaban por colocar en una de las paredes del palacio.
–Avisa también –continuó Gigas– que en lugar de desembarcar en la isla Andrómeda ha permanecido en el barco porque el nuevo caballero de Andrómeda se encuentra en él, y espera obtener información de…
En eso, a uno de los aprendices se le soltaron las cuerdas de la polea con la que subían el retrato, el peso venció las fuerzas de los que lo sostenían desde abajo, y el enorme cuadro cayó al suelo.
–¡Imbéciles! –gritó el Patriarca enfurecido; lanzó un puñetazo al aire y un intenso resplandor atravesó a los tres jóvenes, que cayeron muertos al instante.
Entonces, el Patriarca se dio vuelta hacia Gigas, quien, impresionado y boquiabierto, retrocedió sin atreverse a seguir.
–Acaba con el chico y recupera la armadura de Andrómeda –dijo Arles, recobrando la calma y saliendo del salón–. No debemos permitir que un arma tan poderosa como la cadena que posee caiga en manos rebeldes.
–Sí… sí mi señor –contestó Gigas inclinando repetidamente la cabeza.
Shun abrió los ojos lentamente. Estaba desorientado, no recordaba lo que había pasado y seguía aturdido por el golpe. Entonces, alzó la vista. Sorprendido, vio a Letz que, al otro lado de la cubierta, evadía los golpes de dos enormes contrincantes, que lo iban acorralando en la barandilla. Cuando se lanzaron contra él, con gran agilidad, el joven salió del aprieto dando un salto propinándoles sendas patadas a ambos para caer en la cubierta superior del barco, un tercero trató de detenerlo por la espalda, pero reaccionó a tiempo para evadirlo y empujarlo sobre sus compañeros. Parecían haber quedado fuera de combate, y Letz sonreía satisfecho con gesto de orgullo.
Mas uno de los hombres abrió todavía los ojos, y advirtió que Shun se incorporaba. De inmediato se lanzó contra él.
–¡Alto! ¡No! ¡Te he dicho que no! –ordenaba Letz bajando de nuevo de un salto.
Sin inmutarse, Shun levantó rápidamente la cadena de un ancla que se hallaba en la cubierta, esquivó el golpe, tomó al hombre por la espalda, y usó la cadena para sujetarlo del cuello hasta dejarlo inconsciente.
–¡Bien! –exclamó Letz– ¿Dónde aprendiste a combatir así?
–Es una larga historia… ¿Sabes quiénes son? –preguntó señalando a los hombres.
–No lo sé, tal vez guardias del Santuario.
–¿Del Santuario?
–Sí, creo que estaban tras de mí por haber salido sin permiso. –Shun no salía de su asombro.
–¿No te lo había dicho? –prosiguió Letz– Al igual que tú, soy un caballero de Atena.
Rasgando su túnica, mostró a Shun su armadura de bronce.
dclpz - October 22, 2007 02:24 PM (GMT)
II. Sueños
–¡Renuncia! –decía una misteriosa voz desde lejos, en medio de la noche.
–¿Quién…? No… –respondía Shun tratando de ver de quien se trataba.
–¡Renuncia antes de que sea tarde! –repetía la voz.
–N… no, jamás, no –contestó el de Andrómeda retrocediendo.
–¡Renuncia! O tus manos se llenarán de sangre y perderás tu alma –amenazó la voz.
– ¡No! ¡No! Debo cumplir con la promesa que hice a mi hermano.
El misterioso personaje se acercó lentamente, sin dejar de repetir:
–¡Renuncia! O tu destino quedará marcado por la fatalidad.
–¿Mi destino?
–Sí. Cometerás crímenes que te avergonzarán, librarás batallas sin sentido.
–Pero… No, debo encontrar a Ikki.
–Si lo encuentras, te arrepentirás.
–¡Qué! ¡Jamás podría arrepentirme de encontrar a mi hermano! ¡Jamás!
Y decidido, Shun, se detuvo, sostuvo con firmeza su cadena, y la lanzó contra su oponente.
–Te tragarás tus palabras: ¡Nebula Chain!
Pero la cadena atravesó al sombrío personaje.
–¡Renuncia! –repitió éste una vez más.
–¡No! –repitió Shun, y tragándose su temor increpó– ¡Sal y muéstrate!
Entonces, un relámpago iluminó al oscuro personaje…
–¡Renuncia! O verás a tu hermano levantar su puño contra ti.
Y Shun vio, en medio de la oscuridad, su propio rostro con los ojos y el cabello de color rojo brillante.
Shun despertó sobresaltado y jadeante, ¿qué habría sido ese sueño? No era la primera vez que lo tenía y cada vez parecía más real.
–Tal vez no sea nada –pensaba el caballero, mientras miraba hacia la escotilla del camarote. Se recostó tratando de evadir el miedo que le embargaba, recordó que a la mañana siguiente bajarían a puerto. Sería la primera vez en varios años que vería otro paisaje distinto de la isla Andrómeda.
–¿Un mal sueño Shun? –preguntó Letz desde la parte superior de la litera, que ocupaba casi todo el camarote.
–No, no fue nada.
–Nada, claro, tres noches aquí y tres noches en que no dejas de gritar –apuntó el caballero.
–Lo siento, no sabía que te despertaba –respondió un tanto intimidado.
–Shun, siempre eres así de gentil, ¿verdad? –dijo Letz asomándose a la cama de su compañero– La verdad, entiendo por qué tu hermano se preocupaba tanto, he conocido a muchos caballeros, pero ninguno es como tú; pero no me malentiendas, creo que a varios de ellos les falta algo de tu nobleza de corazón.
En eso, el caballero se incorporó, aguzó el oído.
–¿Lo escuchaste Shun?
–Sí, pero debe ser la tripulación.
–Casi todos bajaron al puerto.
–¿Sientes eso?
–Es como si el barco comenzara a moverse.
–De prisa, salgamos a ver.
–¿Insistes en salvarlo hermanito? –preguntó una voz femenina contemplando la escena en una hoguera.
–Es sólo un chico de 12 años que ha perdido a sus padres y a su hermano –respondió una voz de varón, delante de un espejo de agua–. Iskandar ya nos ha adelantado el futuro de estos jóvenes, si logro que al menos él renuncie ahora, nada pasará.
–Y podremos acabar con el espíritu que encierra –agregó su hermana.
–Sí, es cierto, además podremos acabar con uno de los falsos dioses.
–Pero ¿cuánto tiempo llevas atormentándolo con esos sueños?
–El miedo parece no tener efecto, su voluntad se resiste.
–Tal vez sea el momento de probar con algo más directo –propuso ella.
–Bueno, tal vez traerlo aquí, hablar con él.
–Inténtalo si quieres, pero yo pensaba en usar un hechizo más directo –contestó mientras las llamas de su hoguera cobraban un brillo más intenso.
–Tú siempre presumes, pero sé que tus llamas nunca han hecho daño a nadie por diversión.
–Entonces, dime, ¿qué piensas hacer? –respondió ella con voz provocativa.
–Observa, de seguro te gustará.
Pasando las hojas de un libro, como buscando algo, el personaje del espejo, comenzó a invocar.
–Desde lo profundo de las aguas os invoco –y las aguas de su espejo comenzaron a formar un espiral ascendente–. Escuchadme, espíritus de la mar, vosotras que navegáis en conchas de nácar cantando la fama de sus padres, vosotros, mitad hombres mitad peces que atemorizáis a los marinos en sus viajes: encantadlo y sumergidlo en lo profundo de un sueño –y un rayo de luz color azul salió del remolino hacia el cielo, recorriendo cientos de kilómetros hasta tocar las aguas del Índico, mientras el hombre invocó:– ¡Nereides et Tritonis! ¡Traedme al caballero de Andrómeda!
Shun y Letz, con las armaduras puestas, no salían de su asombro. El enorme carguero era zarandeado de un lado a otro por un ejército marino fantástico: hermosas ninfas de vestidos blancos como la espuma y hombres con cola de pez rodeaban el casco de la nave, yendo de un lado a otro, como buscando algo. El remolino que creaban con su nado era lo que causaba el movimiento de la nave.
–Es extraño –señaló Shun–, no percibo ninguna maldad en ellos.
–No bajes la guardia, puede ser un nuevo truco del Santuario.
Entonces, impulsados por una ola, algunos de estos seres llegaron a la cubierta.
dclpz - October 23, 2007 06:59 PM (GMT)
III. Combate.
Al ver al grupo de nereidas y tritones, Letz se adelantó y se puso en guardia.
–¿Quiénes son? ¿Qué buscan aquí? –interrogó el caballero.
Sin decir palabra, dos de las ninfas se fueron acercando despacio. En vez de caminar, flotaban, como si siguieran dentro del océano del que habían salido. Letz frunció el ceño, e increpó de nuevo.
–¡Respondan! ¿Quiénes son? –repitió.
Cuando estaban a escasos metros, Letz, levantando el brazo derecho, se decidió a atacar:
–¡Garras del lince!
Cientos de agudos destellos salieron del puño del caballero, quien se lanzó a gran velocidad en dirección a las ninfas, pero éstas ni siquiera se inmutaron. Letz pasó a través de ellas, como si fueran fantasmas.
–Ingenuo… –murmuraba el personaje del espejo de agua– Se necesita algo más que fuerza física para detener a mis ninfas, pero, ya que quieres pelear…
Pasó su mano sobre el espejo, sin tocarlo, y el agua se arremolinó de nuevo.
–¡No es posible! –decía Letz sorprendido de lo que había pasado.
–¡Cuidado Letz! –advirtió Shun apenas a tiempo. Dos tritones se lanzaron contra el caballero de Lince, materializando de la nada un tridente cada uno. Pero Letz alcanzó a evadirlos de un salto.
Shun, al ver que su amigo peligraba, se decidió a combatir. Levantando sus brazos, extendió la cadena de Andrómeda por toda la cubierta. Como si la cadena les infundiera respeto, las ninfas y los tritones se detuvieron.
–En verdad es un arma sorprendente –murmuró Letz volteando a ver a su compañero.
–¡Alto! –ordenó Shun– ¿Qué es lo que pretenden? ¿Qué es lo que buscan en este barco?
–Venimos a salvarte Shun –contestaron a coro las nereidas.
Impactado por la respuesta, el de Andrómeda apenas atinó a responder:
–¿Salvarme? ¿A mí?
–Sí –dijo uno de los tritones–. Venimos a salvarte de un destino fatal.
–Ven con nosotros –agregó una de las nereidas, extendiendo sugerente su mano hacia el caballero–, y podrás vivir feliz y sin preocupaciones.
Shun enmudeció y bajo los ojos.
–¡Ráfaga de garras! –gritó Letz lanzando un ataque más poderoso que obligó a las nereidas a retroceder–. No las escuches Shun, nada sabes de estos seres, no dejes que sus palabras te alteren.
Reanimado por su amigo, el caballero de Andrómeda alzó la vista y clamó:
–¡Nebula Chain!
La cadena se lanzó contra los tritones, que hicieron impresionantes giros en el aire para evadirla y alcanzar a los caballeros.
–¡Ráfaga de garras! –gritó de nuevo Letz.
Los ataques combinados funcionaron, los tritones cayeron, uno por los golpes del Lince y otro fue finalmente alcanzado por la cadena de Andrómeda.
–¡Espíritus del mar! –conjuró el mago– ¡Os invoco nuevamente! ¡Nereides et Tritonis! ¡Traedme al caballero de Andrómeda!
Los tritones y las nereidas que hasta entonces habían permanecido expectantes en el mar comenzaron a salir de él flotando mientras entonaban un extraño cántico, en una visión que dejó boquiabiertos a los caballeros por un minuto, aprovechado por los tritones heridos para levantarse y lanzar sus tridentes contra Letz.
–¡Nebula Chain!
La cadena logró rechazar el ataque, que a punto estuvo de sorprender al Lince.
–¡Ráfaga de garras! –gritó Letz deteniendo con su cosmo otros numerosos tridentes.
–¡Nebula Chain! –correspondió Shun tratando de contener el avance de las ninfas– ¡No! ¡Imposible! ¡La cadena las atraviesa!
En efecto, las ninfas pasaban libremente por la cadena, sin dejar siquiera de entonar su canción.
–¡Shun! –advirtió Letz tratando de acudir al auxilio de su compañero. Pero ese instante de distracción bastó para que dos tridentes alcanzaran al caballero y lo empujaran contra el casco del barco, inmovilizándolo.
–¡Letz! –gritó Shun lanzando su cadena para liberar a su amigo, pero los tritones se interpusieron, aun soportando las descargas eléctricas de la cadena.
–¡Shun! ¡Escucha! –la voz del mago se proyectó a través del coro de las nereidas.
–¿Quién? ¿Quién eres? –respondió el de Andrómeda.
–Deja que las ninfas te saquen de ese barco, o tu encuentro con tu hermano será el inicio de una aventura en la que puedes perder hasta tu alma.
–¡Mi hermano! ¡No! ¡Cómo te atreves! –dijo Shun con lágrimas brotando de sus ojos– Prometí a Ikki volver a Japón y tus amenazas no me harán romper mi promesa –y encendiendo su cosmo lanzó su ataque–: ¡Nebula Chain! ¡Encuéntralo!
Pasando por entre las nereidas, la cadena se lanzó hacia el océano y aunque los tritones trataron interponerse, se perdió entre las profundidades del mar.
Frunciendo el ceño, el mago pasó su mano izquierda sobre el espejo de agua, con lo que su líquido se tiñó de un color azul oscuro, dejando de verse el reflejo del barco, de los caballeros y de los seres marinos.
–Letz ¿estás bien? –preguntó Shun ayudando a su amigo a incorporarse.
–Sí, pero… ¿a dónde se han ido?
–No lo sé, la cadena no pudo encontrar el origen de este ataque, pero todos han desaparecido.
–Shun: veo que acompañarte en este viaje será más interesante de lo que había pensado.
dclpz - October 25, 2007 04:47 PM (GMT)
Destructor - October 25, 2007 05:27 PM (GMT)
yyyyyeeeeeeeeeeuuuuuuuhhhhhh
destructor bostezador